Simplemente "no"

"Una vez se haya dicho todo,
estaremos en condiciones de volver a decirlo todo,
porque todo se habrá contradicho."
Aquiles Dalseme
El papel ha logrado derramar mi sangre sobre el escritorio, una vez más manan mis esperanzas… lo recuerdo, fue un roce melancólico; cinco gotas de roja sangre invadían mi memoria, lo hacen hasta la fecha… mientras fluyen, emanando pequeños trozos de la febril historia que me persigue agraviando mis ardientes evocaciones en las noches de tormenta, un río de sangre, un torrente de condena… Arde… es cierto, arde como mil soles que se posan sobre mis manos inquietas, como el abismo donde se esconden las sombras y yerran los despojos del hombre impuro… arde, y escucho las ánimas murmurando a mis oídos la negación que más temen escuchar… Increpan con tal fervor que no puedo más que rogar se queden afónicas, pero no acallan sus voces; mis manos tiemblan, la sangre emana y la vela que me alumbra a medianoche poco a poco se apaga…
No, definitivamente no bastaron las noches en que la luna se desveló a mi lado mientras escribía las líneas que se entregaron al infierno, y si, se quemaron mil versos junto con todas las flores que se marchitaban en el marco de mi ventana… Me encuentro sentada frente al fuego, mirando al vacío, mientras mi propia respiración me ahoga, privándome de su presencia. Todo cambia muy lentamente, al tiempo que me doy cuenta de que tengo en mi mano una cadena; que ayer juraría que se albergaba en el fondo de mi alma y desde esta mañana crea un nudo en mi garganta… no, no puedo verla, pero siento como la hala de sus bordes y destroza en parcialmente su esencia…
No, ya no era por tu boca ni por la sonrisa sobria que dedicabas a mis penas, tampoco fue por tu mirada que se perdía en el horizonte y que a mis ojos deslumbraba… Ya no era por tu abrazo que quemaba mis ansias con el golpe tajante de tus versos. No, no más caricias ni suspiros, ya no alberga mi corazón el dulce sufrimiento, la tortuosa necesidad de verte que me obligaba a soñar, ya no acoge las estacas que se forjaban en mi escote…
No, no era por las espinas que soezmente desgarraban mis ropajes en las pesadillas que acosaban mis entonces castos sentidos, ni por la luz que se colaba inocentemente entre las paredes que me protegían del frío… No, no era para recibir flores, ni dulces en forma de corazón, ni siquiera puedo decir que fue por sentir la presencia de tu alma o el murmullo de tus palabras, quizá, las cosas que creí desear se despertaron con el suspiro que calmadamente elevabas hacia el cielo. No, tampoco era por el llanto que evoca tu recuerdo, ni por el complaciente perfume que me perseguía cuando fui víctima de tus rezos.
No, ya he olvidado muchas cosas y con ellas las letales exaltaciones en que atrapabas mi silencio, llevándome a olvidar el control del espíritu sobre mi cuerpo, quien observaba desde lejos tu dolor, tu beso… No, no era por el vino que se deslizaba en nuestros pulcros labios, tampoco fue por las pasiones enardecidas que levantaban tu ánimo. No, no era el sueño eterno del que nunca deseé apropiarme, y sin embargo lo hice, nada, ni por el vaho amoroso del desvelo, que en su picaresca desvergüenza no pudo más que cantar una oda al contrito viento… No, no era porque a tu lado yo era polvo, ni porque las horas pasaban parsimoniosas cuando me hallaba cercana a tu encanto mortal, no era por tus manos que jugueteaban con las mías, ni siquiera la propiedad de la ironía corrupta que te llenaba y te consumía día a día…
No, tu sabes que no fue nada de eso y lo reprochas en silencio, porque sabes que las lágrimas que recorrieron mi rostro no se debieron a esas cosas tan triviales, a tales insulsas puerilidades… sabes que la piel inmaculada del abismo no pereció aquella noche, ni lo hará esta... lo sabes porque ante tu razonamiento bestial las razones no son importantes al lado de ridiculeces mortales y paganas… ¿Me equivoco? No lo creo, al parecer de esta vampiresa fue acribillada y reconquistada por la vida, por la existencia que se alza sobre el abismo como agua clara; hoy sólo queda comprender que lo que hice, o lo que pensé en algún momento, no se debió a esas vulgares manzanas que tendiste ante mis ojos, ni a las soeces declaraciones que abrieron mil heridas en mi perdurable piel… No, simplemente no.
Te equivocas si piensas que aún te escribo, pero no he de decir a quien dedico estas llíneas...
Belatish
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