Que cuando...
“"La mayoría de nuestras equivocaciones
en la vida nacen de que cuando debemos pensar,
sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos."
John Churton Collins
”
Arribó frente al espejo el reflejo distorsionado de mi rostro, la fragancia etérea y harmoniosa de la soledad embriagó mis anhelos, ofuscándolos hasta la alucinación, se encargó de sumergirlos en la espesa harina de la cual se compone la tarta del destierro, la fragancia que danza ante mi ofreciéndome una rebanada de su aroma, evocando aquellos pensamientos incompletos, metáforas flotantes que invocan en fino tacto a los oídos, apresándolo entre los sonido minuciosos que me privan del olvido. ¿El control? Perdido por el miedo continúa enunciando las oraciones vagabundas de su locura, las nociones masoquistas del ayer.
Pregonan una y otra vez ante mis débiles sentidos, esos murmullos que, desearía, se perdieran en los laberintos de la mente… Divulgan que cuando quise olvidar la falsa valentía que me consumía, esa que me obligaba a mantener mis labios entrelazados… el cielo se obscureció, que cuando decidí esconderme cualquiera podría haberme encontrado apoyada en un rincón, agobiada entre los muros que encierran la tristeza encolerizada que me somete bajo la monarquía árida que me rige hoy en día, la que hoy ata las cadenas oxidadas a mis brazos, esos miembros que temían no poder aguantar el peso culposo que contenían las raídas palabras insultantes de mi pensamiento.
Exclaman, que cuando pensé que quería estar sola perecieron mis sentidos, que la seguridad que me sostenía me abandonó cuando quise despedirme de la humanidad, que perdí todo lo que nunca tuve, que los versos guiados por la pluma se disiparon en el frívolo cosmos del infierno, en el mundano resplandor en que ahora se posan, se postran únicamente en las intangibles palabras de la nostalgia. Que cuando quise rozar el cielo caí bajo el efecto del agridulce licor del recuerdo y me abalancé sobre el suelo, caí, caí como nunca lo había hecho, caí con la inocencia reconciliada en ignorancia y la luna me miró entristecida, me observo en silencio sin aquella sonrisa que la caracteriza, sin la afable sonrisa que inspiraba aquel descanso en que mi alma deseaba sumergirse.
Me convencí de que cuando quise dormir, el sol besó mis ojos, vendándolos con un fragmento de la tela con la cuál se viste el insomnio, los recubrió con el velo que luce la ironía. Recordé aquella noche negra en que quise mirarme la espejo y me sonrió alguien ajeno a mí, una sombra, una ficción y nada más, pero, lo que más recuerdo es sentarme sola, escribiendo y pretendiendo no sentir. Que cuando las metáforas me invadían, to nunca las sentí, que en el momento en que la prosopopeya se apoderó de mi cordura, la luna me miraba, el sol me sonreía y yo ya no sabía que pasaba ante mí…ahora me doy cuenta de que yo creé sus voces, ese sol y esa luna que en la primavera callan, moviendo sus labios al compás de mi parecer, no me dicen nada, pero ¡Ay! cómo sugieren la pena de sentir...ya nada es cómo antés, el corazón duele a latir y en mis suspiros se pierden las palabras para ti.
Y fue hasta ahora que noté que tal vez…sólo tal vez este escrito causó más daño del que yo quise abatir.
Belatish
en la vida
basado en la idea de que la cara
"Sin ti
