Belatish

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca." Heinrich Heine 1797-1856. Poeta alemán.

Que cuando...

"La mayoría de nuestras equivocaciones

en la vida nacen de que cuando debemos pensar,

sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos."        

John Churton Collins                        

   Arribó frente al espejo el reflejo distorsionado de mi rostro, la fragancia etérea y harmoniosa de la soledad embriagó mis anhelos, ofuscándolos hasta la alucinación, se encargó de sumergirlos en la espesa harina de la cual se compone la tarta del destierro, la fragancia que danza ante mi ofreciéndome una rebanada de su aroma, evocando aquellos pensamientos incompletos, metáforas flotantes que invocan en fino tacto a los oídos, apresándolo entre los sonido minuciosos que me privan del olvido. ¿El control? Perdido por el miedo continúa enunciando las oraciones vagabundas de su locura, las nociones masoquistas del ayer.

 

   Pregonan una y otra vez ante mis débiles sentidos, esos murmullos que, desearía, se perdieran en los laberintos de la mente… Divulgan que cuando quise olvidar la falsa valentía que me consumía, esa que me obligaba a mantener mis labios entrelazados… el cielo se obscureció, que cuando decidí esconderme cualquiera podría haberme encontrado apoyada en un rincón, agobiada entre los muros que encierran la tristeza encolerizada que me somete bajo la monarquía árida que me rige hoy en día, la que hoy ata las cadenas oxidadas a mis brazos, esos miembros que temían no poder aguantar el peso culposo que contenían las raídas palabras insultantes de mi pensamiento.

 

    Exclaman, que cuando pensé que quería estar sola perecieron mis sentidos, que la seguridad que me sostenía me abandonó cuando quise despedirme de la humanidad, que perdí todo lo que nunca tuve, que los versos guiados por la pluma se disiparon en el frívolo cosmos del infierno, en el mundano resplandor en que ahora se posan, se postran únicamente en las intangibles palabras de la nostalgia. Que cuando quise rozar el cielo caí bajo el efecto del agridulce licor del recuerdo y me abalancé sobre el suelo, caí, caí como nunca lo había hecho, caí con la inocencia reconciliada en ignorancia y la luna me miró entristecida, me observo en silencio sin aquella sonrisa que la caracteriza, sin la afable sonrisa que inspiraba aquel descanso en que mi alma deseaba sumergirse.

 

   Me convencí de que cuando quise dormir, el sol besó mis ojos, vendándolos con un fragmento de la tela con la cuál se viste el insomnio, los recubrió con el velo que luce la ironía. Recordé aquella noche negra en que quise mirarme la espejo y me sonrió alguien ajeno a mí, una sombra, una ficción y nada más, pero, lo que más recuerdo es sentarme sola, escribiendo y pretendiendo no sentir. Que cuando las metáforas me invadían, to nunca las sentí, que en el momento en que la prosopopeya se apoderó de mi cordura, la luna me miraba, el sol me sonreía y yo ya no sabía que pasaba ante mí…ahora me doy cuenta de que yo creé sus voces, ese sol y esa luna que en la primavera callan, moviendo sus labios al compás de mi parecer, no me dicen nada, pero ¡Ay! cómo sugieren la pena de sentir...ya nada es cómo antés, el corazón duele a latir y en mis suspiros se pierden las palabras para ti. 

 

   Y fue hasta ahora que noté que tal vez…sólo tal vez este escrito causó más daño del que yo quise abatir.

 

Belatish

Espejo roto

Por que hay momentos en que el alma parece estar rota, y son precisamente los recuerdos ingratos de la caridad humana, los que con amargas lágrimas cristalinas envuelven el "porque" de los versos muertos.

"La simpatía es muy frecuentemente

 un prejuicio sentimental

 basado en la idea de que la cara

 es el espejo del alma.

 Por desgracia,

la cara es casi siempre una careta."

 Santiago Ramón y Cajal

   Recuerdo aquella tarde en que el sol nos sonreía con esa sonrisa radiante y cristalina que usualmente cegaría, aquella memoria en que el viento nos tomó entre sus brazos y nos acunó con tierna devoción, por la noche, recuerdo la risa oscilante y magnánima del cosmos, la carcajada emitida por las estrellas, la alegría que las hacía vibrar en el cielo nocturnal, pero sobre todo recuerdo haber visto a lo lejos, justo antes de las siete el reino celestial que nos dedicó una mirada, aquel imperioso lugar que, con el tiempo, se tiñó de sangre y muerte, dejando atrás los velos transparentes del día, obligado a retirarse por la tinta corrosiva que gusta de despedirse de él cada día, se retiró y tuvimos la dicha de verlo ocultándose tras la el dosel mágico del ensueño.

 

   Recuerdo haber visto tus ojos y las lágrimas confusas que corrían por tus mejillas, recuerdo haberlas visto sumidas entre los intrigantes surcos de tus labios, viene a mi memoria aquella mañana en que somnolienta deslicé los ojos por tu rostro templado, ese que escribió en el aire sus sentimientos con una mano firme e ilusoria, la mano invisible que se encargó de entintar la demencia sobre el lienzo ardiente del espacio inerte, recuerdo aquellos silencios que murmuraban a gritos que me marchara, pero no lo hice, el dolor era demasiado y a pesar de todo esto mi recuerdo dominante es el que me lleva respirar el olor de la añoranza infinita en que me envuelven tus comprensivos abrazos.

 

   Recuerdo que decidí borrar mi memoria y me resultó imposible, recuerdo que quise quemar el capítulo de la novela que nunca terminaré y no fui capaz de decidirme, recuerdo haber deseado poseer el tiempo para reinar sobre mis propios pensamientos, pero me tendí en el suelo, llorando entre frugales versos que presenciaron la locura momentánea con que me vi impregnada, por un solitario segundo, recuerdo el minuto de silencio que me poseyó y la hora que siguió a la corriente de mis pensamientos, el día moribundo que se arrastró entre lapsos rotos de insensatez y jugarretas sin sentido. Rotos, como el marco de la ventana, como el cristal que se hizo añicos, rotos como la sensatez que alguna vez poseyó la niña del espejo, ella está rota, como ese espejo en que se vio reflejada la luna a media noche, rota como el susurro ventoso del recuerdo, en fin, rota, inútil, sin anhelos ni ambiciones, sin el cariño que alguna vez sintió hacia la vida, sin la eterna cobardía a la muerte, sin la luna solapando la ventisca de su corazón, que se ha helado de repente.

  

   Recuerdo aquel reproche involuntario de las palabras, recuerdo aquel día en que el crepúsculo iluminó mi discernir, mi profundo desacierto, recuerdo las lágrimas abatidas que cayeron del nirvana en que alguna vez me encontré, la lluvia que suspiró ante mis tenues anhelos, aquella ventana donde se divisaba el final del arcoíris, sin duendes, sin olla de oro, tan sólo otro lugar corrompido por la pena nociva de la avaricia. Recuerdo haberme perdido, pero no recuerdo si hubo un regreso. Recuerdo haber volado, pero no recordaba aquel aterrizaje forzado en que desperté…

 

Recuerdo en fin, muchas cosas que estallarán ante mis ojos en cualquier momento, que huirán con el corazón tentado a escapar de mi pecho, con la angustia embustera que llena de desacierto mi más tácito deseo, mudo entre la bruma, callado entre las olas, aquel deseo introvertido que opta por estar confundido, afónico, moviendo los labios sin articular palabra, morirá como lo han hecho tantos sueños, y lo olvidaré como si fuera tan sólo el sujeto de un experimento, rebozando entre las hojas, entre la tinta que se quedó perpleja al escuchar el nombre del sino. Recordaré esto mañana como el espejo roto de la vida.

 

Belatish

Sin ti...

"Sin ti las emociones de hoy

 no serían más

 que la piel muerta

 de las de ayer"
Hipólito
  

 

      

   Sin ti, la noche será serena y la luna llena navegará en el espacio de tu recuerdo, sin ti, aquel espejo narcisista que guardo en mi bolso emanará una brillante luz ante las palabras pasajeras que compusieron alguna vez aquellos versos muertos de la carta suicida que escribí al pie de la escalera la tarde en que te marchaste. Sin ti, la vida contemplará el abismo, cohibida entre las palabras extintas del último suspiro racional, de último respiro vital del sentimiento, sin ti, todas aquellas cosas bellas se transportarán a la miseria llorando a cada paso, enlutadas y desechas; sin ti.

 

   Sin ti, amanecerá el día de mañana, el fuego quemará como mil soles, y el suspiro pasajero que emanan estos labios aún perplejos por tu partida, estos labios, corroídos bajo la tiranía con la que tus ojos los mantenían, despertarán murmurando frases y sinsentidos, suprimiendo toda la razón que te he ofrecido, como lo ha hecho el corazón tantas veces, y el suspiro, aquel suspiro tan olvidadizo será desnaturalizado por el calor que me envuelve en las sábanas del entierro.

 

   Sin ti, la efímera posesión de sanidad que aún guardo en mi bolsillo se esfumará deslizándose entre suspiros perdidos, en millones de caricias dedicadas al viento que me llevan a pensar en el doloroso lamento de la realidad, aquel que dicta la imposibilidad de tu regreso como un mandato roído por la angustia del raciocinio desconsolado al no saber de ti.

 

   Por la tarde el sol se pondrá, de nuevo sin ti, y el dolor que causa en mis deteriorados miembros terminará por desaparecer, aquella amnesia a quien he rogado desde tiempos remotos volverá a sonreírme, caeré encadenada a aquellos suspiros raídos por el desvelo y lograré por fin escalar, desde el fondo de mi alma aquella montaña que me llevará al elixir de la muerte, aquel vacío que me otorgará el olvido de tu existencia.

 

    Pero de ser así, ¿quien cuidará de mí y mis suspiros, si era el recuerdo herido de tus caricias el me llevaba a merecer el cielo? No habrá nadie a mi lado velando por mis sueños, entonces te olvidaré sin más, morir viviendo entre palabras de ausencia, vocablos decadentes del sentido, pueriles vociferaciones esperanzadas, inclinadas sobre el abismo.

 

   Sin ti, la vida volverá a tener sentido en algún momento, la supervivencia retornará del mar inquieto, proseguirá con el camino dictado por el sino, pero dime a amor mío, sin ti ¿cómo pretenderé existir? Sin ti, sin tu consuelo, sin el mórbido anhelo de aquel masoquista deseo que me lleva a buscarte en el mar de mis sueños.

 

   Sin ti, el invierno será invierno y el verano me derretirá entre sus dedos, pero sin ti, sin ti no vale la pena permanecer en silencio...no vale vivir la primavera, que no fui ni la primera, ni la última en quererte, ya no vale el recordarte y no tendré lo suficiente, el valor que se requiere, para que mis lágrimas de miedo se inclinen a besar tu frente severa, ni siquiera en amarga señal de despedida, porque no será eterna mi partida; algo me dice, que regresaré a buscarte. Y al no encontrarte caeré rendida, adiós manzana, adiós mi vida...

 

Belatish

Luz de luna.

   "En el majestuoso conjunto de la creación,

 nada hay que me conmueva tan hondamente,

que acaricie mi espiritu

 y dé vuelo desusado a mi fantasia

 como la luz apacible

y desmayada de la luna."

Gustavo Adolfo Bécquer

 

     Luz de luna traslúcida y taciturna, por un frugal  momento me pareció verla reflejada en el gélido espejo brumoso de mi alma, como la sombra de un espectro olvidado por las olas del mar abierto, ¡luz de luna condenada a los recuerdos de la infancia! cedida al modelo del abandono, al de la ignorancia, al olvido y al anhelo por ver el nuevo día esperando que, sólo por un segundo sea mejor que el de ayer, que al repararse en aquella pequeña, minúscula propiedad de la ironía se escuche un canto dedicado  a esta; la vida tan perdida, una balada dedicada a la ausencia de la vagancia, a la búsqueda de la misma esencia pura, del calor del sol naciente, tan dorado, tan ferviente, tan fiel al correr de los ríos de sangre y muerte, de las lágrimas manchadas de perversión y de batalla, esas presas del motín del sentimiento, pobres caricias olvidadas, ya no son más que el ingrato trofeo de la ociosidad que encarna en sus más pueriles fantasías, en sus más viles deseos. Y al llegar la mañana, puedo verlo ahora, el alma hecha añicos, el aire exhausto de servirme me abandonará y a mi lado, en el suelo tibio, sobre la tierra húmeda que formará mi tumba, la pedernal estaca que carga con la vida despedazada; por la corriente insensata de ese afecto que es de carácter, inculto y superficial de sospechar que lograré reaparecer al alcanzarte, tan efímero como la respuesta, falacia que trata de pasar como la percepción faltante que demora casi tanto tiempo como el astro rey de la media noche, la percepción que me obliga a dedicar estás insuslas palabras, líneas dictadas por la torpe razón de mi desencanto, mi desolación y mi llanto.

 

   Luz de luna, transparente, debo admitir que aunque amo tu sentir no eres más que remembranza de mi presente, maldito terrateniente que cobra impuestos a mis suspiros vanidosos, que ha levantado ante mi la escultura burlona que mi mente ha construido en conmemoración a la locura que seguirá a mi muerte, condicionada tan sólo a iluminarme para que pueda divisar sin problema alguno la sombra que logra tentar mis más obscuros pensamientos, condicionada a acabar de una vez y para siempre con toda sensatez que pueda otorgarme el afable candil de la luna, aquellos pensamientos que han sido sumidos únicamente en el paso parsimonioso de tiempo, en el efímero periodo del desvelo que me lleva a contemplarte, a no olvidarte ni a tu ente, ni a las lágrimas que caen a tus pies, aquellas salinas gotas que se transforman al contacto con ellos, se vuelven sangre, deliciosa sangre, de aquel color tan bello que empezaba a recordar como el único consuelo a mi mente que aparecía perdida, postrada ante mi fe contundente, mi única libertad, aquel color tan lleno de pasión, de fortaleza, aquella tonalidad tan mortal, aquella coloración tan pulcra que me lleva a olvidar, que el que tu no estés aquí, ya nunca me afectará, ni siquiera en aquel acto ficticio en el que te soñé presente, eso es lo que te pido me concedas dulce luna de plata, la irrealidad contemporanea de mecerme en tu seno.

 

   Luz de luna: ¡Ay! mi querida luz de luna, omnipresente, dulce dama blanca danzante en la noche vigente, como el poema ingrato, pagano e indecente descrito con la formalidad más admirable de este mundo, mi dulce luna, tan sólo un haz de tu luz vibrante en el negro cielo levanta las exaltaciones más delicadas, donde el velo brumal se apodera de las estrellas, creando en mi el más obscuro desasosiego, aquel afán que me mira con zozobra, se hunde, se pierde; como mecido entre las ramas de un árbol recio, un árbol fuerte, como pidiéndole a la razón volver a verte. Suave, apacible luna franca, como el abrazo pasional del abraso del infierno, dulce luna blanca que enardece a los tiernos rumores que murmullo en mis sueños, veraz luz de luna que desata en mi el amor más masoquista, no existe nada más que la virtud, que la amnistía, aquella indulgencia pasadera que despista. Esta noche no existe más que el cielo negro, aquel que era cerúleo al medio día, aquel que ahora en brumosa existencia ciega a los más portentosos mortales. ¡Dichosos sean los mortales! viven, mueren, lo que pase después lo desconocen, lo que pasa en el inter de el tiempo lo disipan, malditos mortales afortunados que gustan de caminar pasmosos, aceptando su dominio sobre nosotros, seres de la noche.

 

   Luz de luna ¿Cómo no admirar tu presencia? a estas alturas es el único motivo, el único ser que me mantiene despierta, tan sólo el hecho canónico de contemplarte entre las disconformes aras del aliento, y escuchar tu voz entre el susurro galopante del viento y sentirte entre los altares que se levantan a mi desconcierto, mi sobriedad, mi sufrimiento. Adiós mi querida luna, mientras crece mi desaliento, súmete bajo el yugo de mis rezos, o cierra los ojos y suspira al contemplar mi descenso, vuelve detrás de aquella nube grisácea que te lleva tan lejos, deja que se anteponga por primera vez entre tu y yo, adiós mi querida luna, adiós...

 

Belatish

Desamor

"La vida no es más

 que un interminable ensayo

 de una obra que jamás se estrenará."  

Le fabuleux destin d'Amélie Poulain (2001)

 

   Lúcidas palabras provenientes del desvelo, como la lluvia danzante causando un estruendoso revuelo; a lo largo del cosmos se divisan frías y lúcidas palabras que se llevan la cordura con un suspiro venidero, contagio de dolor y pena, arduos trabajos de serpiente, contagioso virus del insomnio... con un auténtico toque de individualidad articulada entre sus mórbidos soplos, sus efímeros poemas e inclusive sus banales pensamientos sitiados cual mariposa en capullo, cual suspiro en el soplo del viento.

 

  Desamor no es otra cosa que la contemplación de la vida pendiendo de un hilo tan delgado como el aire, el temor al desprecio y al daño ajeno, el rogar divino que no es otra cosa que mirar al cielo y preguntarse entre amargas dudas filosóficas el porque de los desvelos, el porque del derramamiento exquisito de la tinta derrochada en darle matiz a las cartas y poemas que suscitan al olvido del amor perdido.

  

    Desamor es el riesgo de vivir sin vida propia, de sentarse boquiabiertos y con sorna hasta llegar a algún punto intermedio entre la razón y la fantasía, perdiéndose en millones de recursos literarios, en millones de discursos sin un orador dotado de la vida necesaria para cedérsela a las palabra impresas, anónimos alegatos atrapados en millones de caricias envueltas para darle un obsequio al siglo de soledad que esperará al abandono de la reflexión.

 

   Aislamiento no es más que un presente, no es más que el olvido, no es ni más que la muerte, ni menos que el amor a un lado del camino, la sonrisa dedicada al abismo, la vida perdida en resueltos versos y el destino de todo lo vivido, prosa del desencanto, rosa de mis desvelos; el desamor no es más destino que el que temo no merecer, el tren que temo olvidar, no es más que el despertar de los más dulces sueños, del más dulce afán, de los ásperos roces del caudal que lleva al hogar del amor al final.

 

  Ostracismo no es más que un suspiro de aliento después del túnel de la muerte, desamor no es más que mis desvelos personificando su partida, prosopopeyas ingratas contradiciendo toda cognición y tendencia, esperando  no pecar de ignorancia al divisar claramente su vertiginoso sino, no es más que quien me deja su salida ni es menos que mi trauma en desacierto, no importa cuanto haya tratado, el futuro aún es incierto y entre gritos de desaliento comienzo a articular las estrofas embusteras que requiero para sentirme viva en este suicida soplo del viento.

 

   Y mis desvelos son el aire enmohecido de mi mausoleo con la dedicatoria descrita hacia los pasos de la muerte, la película inacabable donde la víctima de expiación, víctima de su sombra, recuerda su derrota tan sólo como el verso embustero de la resurrección de la ponderación de su mesura, esperando con reloj en mano que regrese su cordura o entregarse de una vez al asesino silencioso al otro lado de la sala. Vaya tortura.

 

Belatish.

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