Belatish

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca." Heinrich Heine 1797-1856. Poeta alemán.

Sin palabras

"Las palabras están llenas de falsedad o de arte;

 la mirada es el lenguaje del corazón. "

William Shakespeare

 

    La lluvia cae incansablemente mientras las manos congeladas tratan de romper el distinguido silencio de la noche... la luz pondera minuciosamente al viento que se mueve entre los surcos de mis dedos... los suspiros han servido de pergamino esta noche, pero temo que de no transcribirlos se disiparán como suelen hacerlo en el momento en que mi cabeza toca la almohada, así como lo ha hecho la inspiración últimamente...

 

   Sólo pedía unas palabras antes de entregarme a los brazos de Morfeo y ahora me han sido concedidas, ya que es en su tierra en que artistas y poetas logran sucumbir a los encantos del desvelo y levantarse en medio de la noche para hilar la expresión misma del ser humano... y claro, al no pertenecer a ninguno de estos grupos la inspiración va y viene meciéndose entre las olas paganas de mi sentir...Ahora me encuentro sola, ni palabras, ni suspiros, ni siquiera luz nocturna que se levanta sobre los montes, no puedo ver la luna, dulce luna, opacada por las nubes redundantes de la obscuridad siniestra que impiden que me levante de mi asiento, obligando a mi parte mortal sucumbir ante el miedo infinito de salir herida por la obscuridad en que antes me acogía, temerosa de ser vista por las arpías que gustan de drenar la sangre del decoro y el amor propio, en fin, aterrada de volver a mi lecho, haciendo parecer que se encuentra a kilómetros de distancia cuando sé que está a tan sólo unos metros...

 

   Debo admitir que incluso en estos momentos de inquietud extraño el cantar de las aguas, ese que se escuchaba a lo lejos y se ha perdido entre las grietas necrosadas de la razón, colándose entre susurros que moribundos tejen una red de mentiras sin sentido ni razón de ser...

 

   Ahora observo mis  dedos que se mueven ondeando sobre el fantasma de mis ilusiones perdidas, danzan; como jugando a esconderse del mal que acecha el alma de una vampiresa, que, declarada; observa a los mortales prostituir encolerizados la cultura olvidada del ayer, al tiempo en que percibe horrorizada como han logrado que las palabras se pierdan en un abismo iracundo que absorbe su más puro significado, dejándolas desnudas, sin la más pueril expresión para agregarle sentido a una oración que; vagabunda opta por seguir huyendo del pensamiento, quizás, o bien es el viento a quien rehúyen, el aire profano que busca besar con prontitud las ánimas de la existencia misma, esperando que las palabras que dictan los dedos enardecidos tengan sentido algún día...

 

   Y me quedo sin palabras y sin inspiración, sólo con el frío del silencio retumbando en mis oídos y el martilleo constante del corazón en el pecho...me quedo sin palabras para decir: te quiero...

 

Belatish 

Al menos esta noche.

"Hay sonrisas que no son de felicidad,

 sino de un modo de llorar con bondad."

Gabriela Mistral

Un texto dedicado a: la inspiración misma...

 

   Como tanto otros guardo un par de sonrisas que danzan escondidas en el fondo de mi alma, esperando el momento en que las necesite...

 

   Antes, tenía millones de ellas, engendradas por la luz encumbrada de la luna...antes... tal vez ayer, rebozaban lúcidas y sin problemas... ahora el número ha sido reducido, tal vez por el uso que les daba, quizás por el que decidí no darles... ¿Qué son? Aún no lo entiendo, no son fortalezas, pero tampoco son debilidades. En esencia son simples alegrías que, en su sinceridad inoportuna guardan su cruel condena...

 

    Ahora que recuerdo, puedo decir que las vi desprenderse, lóbregas y momentáneamente, de la niña del espejo... Así que deja que esboce una sonrisa mientras camina dormida por las ruinas recónditas de su alma en pedazos, mientras vaga envuelta entre los arrebatos aquejumbrados de su pensamiento, los aires fugaces del sino.

   ¡Déjala! Que pretenda que un montón de perlas son capaces de apagar la misma obscuridad, de dejarla ciega...deja que la luz de la razón ignore totalmente su corazón necrosado, así como lo ha hecho la dulzura con la piel que sangra al roce de las aguas en que alguna vez pretendió ahogarse... deja que lo haga, no tiene otro propósito, otra expectación, otra remembranza,ni siquiera otro deseo .

 

   Y finalmente; deja que mañana piense que hoy te ha engañado, y gusta de alimentar su orgullo con ese pensamiento, porque mañana... ¿Qué importarán las lágrimas ocultas tras su pulcro rostro?¿Qué importancia les será otorgada a través de tus ojos? A ella eso no le incumbe, lo único que tendrá valor ante los suyos será la ganancia balsámica del olvido, no recordar las desgracias del mundo, y mucho menos las que acongojan su espíritu, su alma herida entre las espinas del desagrado... ¿En qué afecta si mañana esa radiante sonrisa se recubre de añoranza?

 

   ...En nada...

 

   ...Por eso, deja que sonría esta noche, sonrisa falsa, que la tome de entre los escondrijos pasajeros de su mente...tal vez mañana, no necesitará mostrarla... pero hoy... al menos esta noche deja que lo intente.

 

Belatish

Mientras el café se enfría...

"De todos los cafés del mundo,

 tuvo que elegir el mío." 

Casablanca, 1942

 

     Victoria observaba la calle apoyada en la ventana, de vez en cuando surgía de sus labios un suspiro que empañaba el cristal, era entonces que aprovechaba el tiempo que tardaba en desempañarse para jugar al "gato", curiosamente no había ganado ninguna partida, ni por el lado de las cruces ni por el de los círculos, probablemente se debía a  que su mente estaba demasiado dispersa como para pensar en el juego. Cerró los ojos por un instante y cuando los abrió vio a Eduardo, quien la miraba extrañado mientras ponía el café en la mesa.   -Gracias- dijo Victoria tratando de contener las lágrimas que se apelmazaban en sus pupilas, se llevó la mano a la boca, y con un delicado movimiento se giró de vuelta hacia la ventana. Era tarde, y las luces comenzaban a brillar en la calle, que estaba desierta... y pronto también lo estaría la cafetería... afuera lloviznaba, así como  ella lloraba por dentro y parecía que no existía un lugar seco en el mundo... se quedó en silencio durante un largo rato, mordió sus labios y se recargó sobre el asiento mientras Eduardo la miraba silencioso al otro lado del mostrador, en un lugar en que ella no podría verlo...

 

   Victoria enjugo una lágrima que velozmente se había escabullido hacia sus mejillas y tomó un sorbo de café, esté le supo amargo, no sólo por la usual amargura propia de la bebida. Había algo en ella, en su alma cadenciosa se alzaba el suspiro benevolente de la tristeza y el café quemaba al roce de su garganta. Un día terrible sin duda alguna, suspiró, un día cuyo recuerdo era tan obscuro que ni ella entendía, al final, lo sucedido. Ahora estaba indecisa entre pararse a pedir un endulzante o quedarse tamborileando la mesa y simplemente aceptar que no podría suavizar el efecto que el café tenía sobre ella, al menos, no con azúcar...

 

    Se levantó lentamente, casi como si temiera caerse y giró hasta ver a Eduardo, que aún la miraba fijamente sin decir palabra. -¿Tienes algo de azúcar?- Preguntó distraída y él se ruborizó, pensó que tal vez  lo había descubierto mirándola, pero ella no dijo nada, sonrió con nerviosismo y tropezó con un banco, era uno de esos momentos de torpeza que solía ver en las películas de antaño, todo parecía un accidente, pero estudiado de cerca todo estaba planeado, todo por una sonrisa. Eduardo pensó que su torpe tropiezo la haría alegrarse un poco, pero no fue así, ella se quedó parada en medio de la cafetería, confundida, pensando que debió de haber permanecido en su sitio...

 

   Eduardo agarró entre sus manos un par de sobres de azúcar y le tendió la mano, ella dudó por un segundo, pero las tomó y después de hacerlo, notó que sus manos estaban aún sobre las de él y que, a decir verdad, no quería que fuera de otra manera, entonces las necesitaba. Eduardo se acercó y con una leve caricia apartó el alborotado cabello negro de su rostro, esperando guardarlo detrás de su oreja. Victoria se quedó en silencio y separó su mano, él sonrió, al menos obtuvo una respuesta. Victoria viró a todas las direcciones posibles y volvió a su asiento, endulzó el café con las manos temblorosas y cerró los ojos.

 

   Eduardo cansado de la actitud de Victoria se sentó frente a ella ¿Qué importaban las políticas de la compañía a las diez de la noche? -¿Qué pasa?- le preguntó a su mejor amiga... A partir de entonces, y,  mientras el café se enfriaba; la escuchó atento y tomó su mano, haciéndole saber que siempre estaría allí para ella, y que a su pesar... aunque tal vez nunca habría un felices para siempre para ellos, él la estaría esperando. 

Ahora, mi sueño se cumple, pensó... al menos, mientras el café se enfría...

 

Belatish.

Ayer me olvidé de ti...

 

Una despedida cuya dedicatoria es más larga que su contenido...si, está mal hecha, pero en estos momentos mi tan ansiada felicidad previene que mi mente trate de arreglar lo que sabe; no es perfecto. Esta no es más que una despedida para un ser a quien he olvidado y no puedo más que agradecer infinitamente:

A Tonks por estar allí cuando necesitaba llorar y quien se ha vuelto de suma importancia para mí.

a NeoApolo, por hacerme sonreír cuando lo necesité.

a Pluma Blanca por preguntarme si quería hablar y distraerme un poco de la realidad.

a Jo, porque sin estar obligada me preguntó si todo iba bien.

para Fee y Mariiana, que me escucharon cuando no había nada que decir.

Para Rebecca, que aún en su dolor me tendió una mano amiga,

para Yeena, que me preguntó si necesitaba un abrazo

y por supuesto a mi querida Dy, que probablemente nunca leerá estas líneas. 

A todos ellos y unos cuantos más: GRACIAS!

 

   Ayer me olvidé de ti... y esta será la quizá la última vez que le escriba a tu sombra, porque a partir de hoy  no habrá más lágrimas de zozobra... no más besos al vacío,  ni siquiera encontraré el lugar para otra caricia de tu recuerdo, tampoco habrá espacio para más insulsas despedidas, no más notas lúgubres que en una amarga melodía me recuerden que alguna vez añoré tu apatía... Ya no habrá otra alegría con tu nombre escrito en ella, no más dulces fantasías, ni sueños borrosos que agonizan. Ni cariño, ni aversión, no más dolor o inexactitud por ti, no, no más...

 

   Ayer te olvidé, sin duda alguna, sin clamor ni remordimiento, te olvidé mientras la luna lloraba en desconcierto... Hace poco te olvidé, dulce laguna de entendimiento en que mis pies se mojaban frugalmente y en descontento.... En el pasado escribí un poema maltrecho, sin rima ni sonidos dedicados al viento y por fin acepté que tus alas impías ya no protegían mi piel, que tal vez nunca lo habían hecho y esto lo pude hacer sonriendo,  con una enorme sonrisa que no esperaba tu consentimiento y sin lugar a dudas he entendido por fin que ahora puedo decir adiós, sin sentirme adormecida, sin bajar la vista, sin lágrimas por el recuerdo. Pude decirle adiós: a ti. Y a tu memoria, esperando que logres lo que desees logar, aún en el fracaso...

 

Belatish

A la orilla del Estigia

...Esto lo escribí porque hay veces en que no se quiere regresar a casa, y a decir verdad, 

"casa" es el único lugar en donde se tiene la certeza de que alguien espera tu llegada,

 el único lugar al que realmente perteneces.

 

 

"Cuando eres consciente de la muerte,

 acabas asumiendo tu propia soledad."

Rosa Regàs

 

   Te escribo, aunque no se de donde, la espesa obscuridad de la noche ha tejido ante mis ojos una venda, para que no puedan contemplar el mundo, el sol se retiró al medio día, al menos para mí, fue entonces que exhalé mi último aliento en la tierra de los vivos... La luna somnolienta ha dormitado alegremente desde el momento en que se asomó detrás del monte... y ahora la cubren las nubes y le sirven de manto. Mientras tanto, te escribo, al tiempo en que me arrastro a tientas a la orilla del lago, he estado buscando tu foto entre la hierba marchita del camino, pero no la encuentro, y sigo trazando lo que ayer parecían letras, con el gélido viento a mis espaldas y mis dedos entumidos, esos dedos supersticiosos que se cruzan para pedirle fuerza al universo, para llevar a tus labios estas palabras mientras camino hacia el Erebo, se entrelazan, para que formen parte de tu conciencia tan solo una vez, queda poco tiempo...que curioso elemento es el tiempo ¿no lo crees? El tiempo que tardé en escribir esas palabras sirvió para que las nubes desaparecieran, dejando a la luna radiante, pero titilando de frío.

 

   Hoy te escribo, divagando desde lejos, casi frente a las tinieblas, mientras los olmos susurran versos malditos de advertencia, los cedros desnudos del invierno tratan de protegerme bajo sus sombras y sus ramas me abrazan con fervor, son frías y se clavan en mi pecho, atravesando mi piel, no quiero soltarlas, me hacen sentir que todavía existe un gramo de esperanza en mi corazón atravesado por ellas... de aquellas ramas moribundas comienza a emanar una energía proscrita, esa que abrasa mi pecho con el fuego amoroso del destierro. Después de caminar descalza por la tierra observo como la sangre que alguna vez creí mía se pierde en el agua, los álamos lloran inquisitivamente porque sienten lástima, las abetos acarician mi rostro  con sus hojas, y las ramas, las ramas siguen clavadas en mi piel, drenando mis venas, dulce perdición, dulce veneno, es el refrescante bálsamo del tormento.

 

   Hoy te escribo, mientras el lago se tiñe de rojo y escucho los bélicos versos, el clamor de la obsidiana, una lengua foránea aconseja a mis lasos miembros, tentando sus ánimos a la rendición, al sueño eterno, pensando en desperdiciar la efímera juventud que aún se aferra a mi cuerpo, la carne que envuelve entre caricias a mis huesos. Ha cambiado el panorama, lo árboles desaparecieron en la distancia, y aún estoy perdida, confundida entre la nada...

 

   Hoy te escribo mientras el cielo se desploma sobre mi sien, el papel se moja debido a las lágrimas que aparecen en mis mejillas, te escribo mientas camino, al fin se donde estoy; a la orilla del Estigia... y el cielo llora, la frescura del diluvio esconde mis lágrimas y me hace temblar, había estado admirando las aguas, pensando si debería esconderme hasta que se vaya la barca y vagar por cien años como lo hacen los insepultos, pienso que lo lograría ocultarme... razono; ya no quiero esconderme de tu vista, pero las sombras me llaman, y el miedo que antes sentía se ha vuelto un terror inmenso, ha perdido importancia a pesar de esto, pues me he resignado a su presencia.

 

   Hoy te escribo un poema, mientras hincada junto al lago veo sangre correr, la batiente tempestad intenta sofocar el canto del manzano que crece en la tierra y trata de alejar los besos profanos de la ignorancia, el oleaje parece saber el dolor que causa escuchar el viento y los lamentos de las memorias, sabe que duele la acción de contemplar el vacío sofocante del abismo...

 

   Hoy te escribo desde la orilla del Estigia, admirando la barca que viene aproximandose a la orilla, y con ella a los fantasmas que tratan de volcarla porque no les es permitido subir a ella, observo la silueta del hombre de avanzada edad que es el barquero, la bruma que envuelve mis deseos y... algo avergonzada, debo confesar antes de partir, que he tomado del néctar de la pena cuando éste me fue ofrecido en una copa de cristal, y que he probado el rocío de las rosas con que el demonio prometía seducirme, y al final, he decidido entregarme a la corriente, le he dado un par de monedas a Caronte, y a mi desdicha, las toma entre sus dedos, y sin mirarme siquiera señala el camino a casa, sin compasión por mi alma herida, las devuelve y con el semblante severo me envía a tus puertas...  

 

Belatish.

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