Belatish

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca." Heinrich Heine 1797-1856. Poeta alemán.

Perséfone

"Cual la generación de las hojas, así la de los hombres.

 Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva,

 reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera:

 de igual suerte, una generación humana nace

 y otra perece."

Homero

 

El invierno ha llegado repentinamente, olvidando que alguna vez existió la primavera... ha arribado a las costas, invadiéndolas de fragmentos de hielo, anunciando su presencia con mortal elocuencia. Es el invierno, de las cuatro, la estación perecedera, la que se ha postrado ante el mundo, inundándolo de pena.

 

   ¿Por qué? Se preguntan los mortales... ¿Por qué hemos de sentir el frío de la ausencia? Fue Hades quién raptó a Perséfone, fue él quien se enamoró de ella, y fue Démeter quien, rendida ante las inmaculadas fuerzas de la melancolía, vagó ausente afrentando al viento, dejando la imagen de su aliento helado... de sus labios el lamento de la tierra... ofuscando a los mortales con desdén en los lóbregos susurros circundantes de la mente... todo esto es cuando Perséfone se ausenta... es el momento en que la melancolía da origen al inclemente invierno, al tiempo que ella marcha orgullosa en su pena y desciende a los infiernos, recorre el paraje silenciosa mientras se rodea de muerte, los pinos estivales recorren el camino a su lado y desaparecen en sus ojos apagados... es entonces los habitantes impíos del mundo sufrimos con el frío de su ausencia.

 

   ¡Te culpo Hades! Porque es por ti que la tierra parece morir con el roce de sus ropajes al marcharse, desprecio tu afán, porque la nieve cae impaciente sobre el paisaje, porque he sido cubierta por el manto blanco de la nostalgia, que en su naturaleza helada abrasa mis anhelos y clava sus puñales en mi piel desabrigada. Te culpo, porque las lágrimas se han congelado en mi rostro desprotegido se han entumecido e incrustado en los bordes de mi desengaño, albergando así la tristeza en su seno... y negándome el poderío absoluto que perdí al dejar que tomaran posesión de mi alma, control de mi cuerpo... de todo esto te culpo, y duele decirlo; sin motivos elocuente... Te culpo aún sin saber tus razones, te culpo sin conocer lo que las sombras susurran a tus oídos durante el desvelo, acuso tu dictamen; sin pensar por un efímero segundo la causa de tus dolencias y tus morbos, la risa condenada de tus alegrías y de tus penas... nada más que decirte, nada más que hacer.

  

   Suelo mirar al cielo y evitar a toda costa tu imagen, eso es lo que mis sentidos hacen al sentirte cerca...

 

   Y en cuanto a ti, Perséfone; no puedo más que implorar el regreso de la primavera... y por tanto la desaparición del invierno, que con él se arrastran los gusanos que se burlan de mis palabras, de la benevolencia de mi locura... ruego que vuelva a mí el regocijo alegórico de la suerte tuya que traía el verano consigo, ¡Devuélveme la sonrisa sincera que surcaba mis mejillas y déjame olvidar la máscara impura de bienestar que me corroe, sabes bien cual, la careta que se pierde y navega errante ante el espejo, devuélveme la prosperidad irreverente que se ocultaba en mi mirada. Perséfone; ¡Vuelve a esta tierra y despierta sus anhelos! Y cúbreme entre los cardos sepulcrales de las rosas, deja que de una vez por todas atraviesen mi depravada máscara, bendita por el silencio, perdida entre la niebla, incrustada en mi faz cual voraz extinguir de mi calma... la máscara de la ingratitud del alma, que fijada a mi rostro, oculta mi cara...

 

   Entre elegías proscritas he llegado a preguntarme: ¿A quién pretendo engañar al sonreírle al mundo? ¿Qué caso tiene? mientras el reflejo de mi mirada ausente me observa como reprochando el momento en que decidí llevarla al sótano de mis recuerdos...

 

   Perséfone escucha mis rezos; deja que la devuelva a donde pertenece...permite que el sol se asome en el cielo rojizo del otoño, y la lluvia refrescante del verano; aprueba que la grandilocuencia fastuosa de la alegría forme parte de su entorno, dale una oportunidad al suspiro masoquista contenido en el abrazo postrero del infierno, y finalmente, deja que entre los cardos se pierda mi sangre, si es acaso eso lo que se necesita para el florecimiento de los campos... eso deberá ser suficiente, sólo para teñir el infinito manto blanco de la añoranza, logrando que reciba matices con prontitud... que la luz del sol acaricie suavemente la piel del paisaje, desnudando su belleza ante los ojos celosos de la tragedia... Y que la luna emerja de entre las nubes que presagian tormenta, todo eso pido y lo hago arrodillándome a la necesidad, hace tanto empecé esto y debo confesarlo...ya no sé como liquidar la idea que salta entre la prosa y se funde entre los versos enmohecidos del ayer...

 

   Te lo pido Perséfone, recuerda que los mortales añoran tu ternura, regresa a mi lado y auxilia mi locura...en fin: Vuelve a mí dulce cordura.

 

A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno.

 ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán?

 Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.

Johann Wolfgang Goethe

 

Belatish

  

2 comentarios »
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#1
12 of January of 2010 5:33
Me gusta nena, y me gusta mucho!
La verdad cada que leo uno de tus textos
es como si estuviera leyendo lo que siento... !!!
Wo0w!
Además cada texto es mejor y mejor!
Espero algún día entrar a una liberia sólo para
compar un libro que tu hayas escrito! Ya que tu si
te vas a dedicar a la actuación y a las artes!!! uju!
Bueno nena me retiro, buen escito, sigue así!
Pluma Blanca
#2
6 of February of 2010 1:18
maravilloso como siempre tish!! bendita seas!!

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