Belatish

"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca." Heinrich Heine 1797-1856. Poeta alemán.

Simplemente "no"

"Una vez se haya dicho todo,

 estaremos en condiciones de volver a decirlo todo,

 porque todo se habrá contradicho."

Aquiles Dalseme

 

   El papel ha logrado derramar mi sangre sobre el escritorio, una vez más manan mis esperanzas… lo recuerdo, fue un roce melancólico; cinco gotas de roja sangre invadían mi memoria, lo hacen hasta la fecha… mientras fluyen, emanando pequeños trozos de la febril historia que me persigue agraviando mis ardientes evocaciones en las noches de tormenta, un río de sangre, un torrente de condena… Arde… es cierto, arde como mil soles que se posan sobre mis manos inquietas, como el abismo donde se esconden las sombras y yerran los despojos del hombre impuro… arde, y escucho las ánimas murmurando a mis oídos la negación que más temen escuchar… Increpan con tal fervor que no puedo más que rogar se queden afónicas, pero no acallan sus voces; mis manos tiemblan, la sangre emana y la vela que me alumbra a medianoche poco a poco se apaga…

 

    No, definitivamente no bastaron las noches en que la luna se desveló a mi lado mientras escribía las líneas que se entregaron al infierno, y si, se quemaron mil versos junto con todas las flores que se marchitaban en el marco de mi ventana… Me encuentro sentada frente al fuego, mirando al vacío, mientras mi propia respiración me ahoga, privándome de su presencia. Todo cambia muy lentamente, al tiempo que me doy cuenta de que tengo en mi mano una cadena; que ayer juraría que se albergaba en el fondo de mi alma y desde esta mañana crea un nudo en mi garganta… no, no puedo verla, pero siento como la hala de sus bordes y destroza en parcialmente su esencia…

 

   No, ya no era por tu boca ni por la sonrisa sobria que dedicabas a mis penas, tampoco fue por tu mirada que se perdía en el horizonte y que a mis ojos deslumbraba… Ya no era por tu abrazo que quemaba mis ansias con el golpe tajante de tus versos. No, no más caricias ni suspiros, ya no alberga mi corazón el dulce sufrimiento, la tortuosa necesidad de verte que me obligaba a soñar, ya no acoge las estacas que se forjaban en mi escote…

 

    No, no era por las espinas que soezmente desgarraban mis ropajes en las pesadillas que acosaban mis entonces castos sentidos, ni por la luz que se colaba inocentemente entre las paredes que me protegían del frío… No, no era para recibir flores, ni dulces en forma de corazón, ni siquiera puedo decir que fue por sentir la presencia de tu alma o el murmullo de tus palabras, quizá, las cosas que creí desear se despertaron con el suspiro que calmadamente elevabas hacia el cielo. No, tampoco era por el llanto que evoca tu recuerdo, ni por el complaciente perfume que me perseguía cuando fui víctima de tus rezos.

 

   No, ya he olvidado muchas cosas y con ellas las letales exaltaciones en que atrapabas mi silencio, llevándome a olvidar el control del espíritu sobre mi cuerpo, quien observaba desde lejos tu dolor, tu beso… No, no era por el vino que se deslizaba en nuestros pulcros labios, tampoco fue por las pasiones enardecidas que levantaban tu ánimo. No, no era el sueño eterno del que nunca deseé apropiarme, y sin embargo lo hice, nada, ni por el vaho amoroso del desvelo, que en su picaresca desvergüenza no pudo más que cantar una oda al contrito viento… No, no era porque a tu lado yo era polvo, ni porque las horas pasaban parsimoniosas cuando me hallaba cercana a tu encanto mortal, no era por tus manos que jugueteaban con las mías, ni siquiera la propiedad de la ironía corrupta que te llenaba y te consumía día a día…

 

   No, tu sabes que no fue nada de eso y lo reprochas en silencio, porque sabes que las lágrimas que recorrieron mi rostro no se debieron a esas cosas tan triviales, a tales insulsas puerilidades… sabes que la piel inmaculada de la noche no pereció aquella noche, ni lo hará esta... lo sabes porque ante tu razonamiento bestial las razones no son importantes al lado de ridiculeces mortales y paganas… ¿Me equivoco? No lo creo, al parecer de esta vampiresa fue acribillada y reconquistada por la vida, por la existencia que se alza sobre el abismo como agua clara; hoy sólo queda comprender que lo que hice, o lo que pensé en algún momento, no se debió a esas vulgares manzanas que tendiste ante mis ojos, ni a las soeces declaraciones que abrieron mil heridas en mi perdurable piel… No, simplemente no.

 

Te equivocas si piensas que aún te escribo, pero no he de decir a quien dedico estas llíneas...

 

Belatish

 

 

Perséfone

"Cual la generación de las hojas, así la de los hombres.

 Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva,

 reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera:

 de igual suerte, una generación humana nace

 y otra perece."

Homero

 

El invierno ha llegado repentinamente, olvidando que alguna vez existió la primavera... ha arribado a las costas, invadiéndolas de fragmentos de hielo, anunciando su presencia con mortal elocuencia. Es el invierno, de las cuatro, la estación perecedera, la que se ha postrado ante el mundo, inundándolo de pena.

 

   ¿Por qué? Se preguntan los mortales... ¿Por qué hemos de sentir el frío de la ausencia? Fue Hades quién raptó a Perséfone, fue él quien se enamoró de ella, y fue Démeter quien, rendida ante las inmaculadas fuerzas de la melancolía, vagó ausente afrentando al viento, dejando la imagen de su aliento helado... de sus labios el lamento de la tierra... ofuscando a los mortales con desdén en los lóbregos susurros circundantes de la mente... todo esto es cuando Perséfone se ausenta... es el momento en que la melancolía da origen al inclemente invierno, al tiempo que ella marcha orgullosa en su pena y desciende a los infiernos, recorre el paraje silenciosa mientras se rodea de muerte, los pinos estivales recorren el camino a su lado y desaparecen en sus ojos apagados... es entonces los habitantes impíos del mundo sufrimos con el frío de su ausencia.

 

   ¡Te culpo Hades! Porque es por ti que la tierra parece morir con el roce de sus ropajes al marcharse, desprecio tu afán, porque la nieve cae impaciente sobre el paisaje, porque he sido cubierta por el manto blanco de la nostalgia, que en su naturaleza helada abrasa mis anhelos y clava sus puñales en mi piel desabrigada. Te culpo, porque las lágrimas se han congelado en mi rostro desprotegido se han entumecido e incrustado en los bordes de mi desengaño, albergando así la tristeza en su seno... y negándome el poderío absoluto que perdí al dejar que tomaran posesión de mi alma, control de mi cuerpo... de todo esto te culpo, y duele decirlo; sin motivos elocuente... Te culpo aún sin saber tus razones, te culpo sin conocer lo que las sombras susurran a tus oídos durante el desvelo, acuso tu dictamen; sin pensar por un efímero segundo la causa de tus dolencias y tus morbos, la risa condenada de tus alegrías y de tus penas... nada más que decirte, nada más que hacer.

  

   Suelo mirar al cielo y evitar a toda costa tu imagen, eso es lo que mis sentidos hacen al sentirte cerca...

 

   Y en cuanto a ti, Perséfone; no puedo más que implorar el regreso de la primavera... y por tanto la desaparición del invierno, que con él se arrastran los gusanos que se burlan de mis palabras, de la benevolencia de mi locura... ruego que vuelva a mí el regocijo alegórico de la suerte tuya que traía el verano consigo, ¡Devuélveme la sonrisa sincera que surcaba mis mejillas y déjame olvidar la máscara impura de bienestar que me corroe, sabes bien cual, la careta que se pierde y navega errante ante el espejo, devuélveme la prosperidad irreverente que se ocultaba en mi mirada. Perséfone; ¡Vuelve a esta tierra y despierta sus anhelos! Y cúbreme entre los cardos sepulcrales de las rosas, deja que de una vez por todas atraviesen mi depravada máscara, bendita por el silencio, perdida entre la niebla, incrustada en mi faz cual voraz extinguir de mi calma... la máscara de la ingratitud del alma, que fijada a mi rostro, oculta mi cara...

 

   Entre elegías proscritas he llegado a preguntarme: ¿A quién pretendo engañar al sonreírle al mundo? ¿Qué caso tiene? mientras el reflejo de mi mirada ausente me observa como reprochando el momento en que decidí llevarla al sótano de mis recuerdos...

 

   Perséfone escucha mis rezos; deja que la devuelva a donde pertenece...permite que el sol se asome en el cielo rojizo del otoño, y la lluvia refrescante del verano; aprueba que la grandilocuencia fastuosa de la alegría forme parte de su entorno, dale una oportunidad al suspiro masoquista contenido en el abrazo postrero del infierno, y finalmente, deja que entre los cardos se pierda mi sangre, si es acaso eso lo que se necesita para el florecimiento de los campos... eso deberá ser suficiente, sólo para teñir el infinito manto blanco de la añoranza, logrando que reciba matices con prontitud... que la luz del sol acaricie suavemente la piel del paisaje, desnudando su belleza ante los ojos celosos de la tragedia... Y que la luna emerja de entre las nubes que presagian tormenta, todo eso pido y lo hago arrodillándome a la necesidad, hace tanto empecé esto y debo confesarlo...ya no sé como liquidar la idea que salta entre la prosa y se funde entre los versos enmohecidos del ayer...

 

   Te lo pido Perséfone, recuerda que los mortales añoran tu ternura, regresa a mi lado y auxilia mi locura...en fin: Vuelve a mí dulce cordura.

 

A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno.

 ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán?

 Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.

Johann Wolfgang Goethe

 

Belatish

  

Sin palabras

"Las palabras están llenas de falsedad o de arte;

 la mirada es el lenguaje del corazón. "

William Shakespeare

 

    La lluvia cae incansablemente mientras las manos congeladas tratan de romper el distinguido silencio de la noche... la luz pondera minuciosamente al viento que se mueve entre los surcos de mis dedos... los suspiros han servido de pergamino esta noche, pero temo que de no transcribirlos se disiparán como suelen hacerlo en el momento en que mi cabeza toca la almohada, así como lo ha hecho la inspiración últimamente...

 

   Sólo pedía unas palabras antes de entregarme a los brazos de Morfeo y ahora me han sido concedidas, ya que es en su tierra en que artistas y poetas logran sucumbir a los encantos del desvelo y levantarse en medio de la noche para hilar la expresión misma del ser humano... y claro, al no pertenecer a ninguno de estos grupos la inspiración va y viene meciéndose entre las olas paganas de mi sentir...Ahora me encuentro sola, ni palabras, ni suspiros, ni siquiera luz nocturna que se levanta sobre los montes, no puedo ver la luna, dulce luna, opacada por las nubes redundantes de la obscuridad siniestra que impiden que me levante de mi asiento, obligando a mi parte mortal sucumbir ante el miedo infinito de salir herida por la obscuridad en que antes me acogía, temerosa de ser vista por las arpías que gustan de drenar la sangre del decoro y el amor propio, en fin, aterrada de volver a mi lecho, haciendo parecer que se encuentra a kilómetros de distancia cuando sé que está a tan sólo unos metros...

 

   Debo admitir que incluso en estos momentos de inquietud extraño el cantar de las aguas, ese que se escuchaba a lo lejos y se ha perdido entre las grietas necrosadas de la razón, colándose entre susurros que moribundos tejen una red de mentiras sin sentido ni razón de ser...

 

   Ahora observo mis  dedos que se mueven ondeando sobre el fantasma de mis ilusiones perdidas, danzan; como jugando a esconderse del mal que acecha el alma de una vampiresa, que, declarada; observa a los mortales prostituir encolerizados la cultura olvidada del ayer, al tiempo en que percibe horrorizada como han logrado que las palabras se pierdan en un abismo iracundo que absorbe su más puro significado, dejándolas desnudas, sin la más pueril expresión para agregarle sentido a una oración que; vagabunda opta por seguir huyendo del pensamiento, quizás, o bien es el viento a quien rehúyen, el aire profano que busca besar con prontitud las ánimas de la existencia misma, esperando que las palabras que dictan los dedos enardecidos tengan sentido algún día...

 

   Y me quedo sin palabras y sin inspiración, sólo con el frío del silencio retumbando en mis oídos y el martilleo constante del corazón en el pecho...me quedo sin palabras para decir: te quiero...

 

Belatish 

Al menos esta noche.

"Hay sonrisas que no son de felicidad,

 sino de un modo de llorar con bondad."

Gabriela Mistral

Un texto dedicado a: la inspiración misma...

 

   Como tanto otros guardo un par de sonrisas que danzan escondidas en el fondo de mi alma, esperando el momento en que las necesite...

 

   Antes, tenía millones de ellas, engendradas por la luz encumbrada de la luna...antes... tal vez ayer, rebozaban lúcidas y sin problemas... ahora el número ha sido reducido, tal vez por el uso que les daba, quizás por el que decidí no darles... ¿Qué son? Aún no lo entiendo, no son fortalezas, pero tampoco son debilidades. En esencia son simples alegrías que, en su sinceridad inoportuna guardan su cruel condena...

 

    Ahora que recuerdo, puedo decir que las vi desprenderse, lóbregas y momentáneamente, de la niña del espejo... Así que deja que esboce una sonrisa mientras camina dormida por las ruinas recónditas de su alma en pedazos, mientras vaga envuelta entre los arrebatos aquejumbrados de su pensamiento, los aires fugaces del sino.

   ¡Déjala! Que pretenda que un montón de perlas son capaces de apagar la misma obscuridad, de dejarla ciega...deja que la luz de la razón ignore totalmente su corazón necrosado, así como lo ha hecho la dulzura con la piel que sangra al roce de las aguas en que alguna vez pretendió ahogarse... deja que lo haga, no tiene otro propósito, otra expectación, otra remembranza,ni siquiera otro deseo .

 

   Y finalmente; deja que mañana piense que hoy te ha engañado, y gusta de alimentar su orgullo con ese pensamiento, porque mañana... ¿Qué importarán las lágrimas ocultas tras su pulcro rostro?¿Qué importancia les será otorgada a través de tus ojos? A ella eso no le incumbe, lo único que tendrá valor ante los suyos será la ganancia balsámica del olvido, no recordar las desgracias del mundo, y mucho menos las que acongojan su espíritu, su alma herida entre las espinas del desagrado... ¿En qué afecta si mañana esa radiante sonrisa se recubre de añoranza?

 

   ...En nada...

 

   ...Por eso, deja que sonría esta noche, sonrisa falsa, que la tome de entre los escondrijos pasajeros de su mente...tal vez mañana, no necesitará mostrarla... pero hoy... al menos esta noche deja que lo intente.

 

Belatish

Mientras el café se enfría...

"De todos los cafés del mundo,

 tuvo que elegir el mío." 

Casablanca, 1942

 

     Victoria observaba la calle apoyada en la ventana, de vez en cuando surgía de sus labios un suspiro que empañaba el cristal, era entonces que aprovechaba el tiempo que tardaba en desempañarse para jugar al "gato", curiosamente no había ganado ninguna partida, ni por el lado de las cruces ni por el de los círculos, probablemente se debía a  que su mente estaba demasiado dispersa como para pensar en el juego. Cerró los ojos por un instante y cuando los abrió vio a Eduardo, quien la miraba extrañado mientras ponía el café en la mesa.   -Gracias- dijo Victoria tratando de contener las lágrimas que se apelmazaban en sus pupilas, se llevó la mano a la boca, y con un delicado movimiento se giró de vuelta hacia la ventana. Era tarde, y las luces comenzaban a brillar en la calle, que estaba desierta... y pronto también lo estaría la cafetería... afuera lloviznaba, así como  ella lloraba por dentro y parecía que no existía un lugar seco en el mundo... se quedó en silencio durante un largo rato, mordió sus labios y se recargó sobre el asiento mientras Eduardo la miraba silencioso al otro lado del mostrador, en un lugar en que ella no podría verlo...

 

   Victoria enjugo una lágrima que velozmente se había escabullido hacia sus mejillas y tomó un sorbo de café, esté le supo amargo, no sólo por la usual amargura propia de la bebida. Había algo en ella, en su alma cadenciosa se alzaba el suspiro benevolente de la tristeza y el café quemaba al roce de su garganta. Un día terrible sin duda alguna, suspiró, un día cuyo recuerdo era tan obscuro que ni ella entendía, al final, lo sucedido. Ahora estaba indecisa entre pararse a pedir un endulzante o quedarse tamborileando la mesa y simplemente aceptar que no podría suavizar el efecto que el café tenía sobre ella, al menos, no con azúcar...

 

    Se levantó lentamente, casi como si temiera caerse y giró hasta ver a Eduardo, que aún la miraba fijamente sin decir palabra. -¿Tienes algo de azúcar?- Preguntó distraída y él se ruborizó, pensó que tal vez  lo había descubierto mirándola, pero ella no dijo nada, sonrió con nerviosismo y tropezó con un banco, era uno de esos momentos de torpeza que solía ver en las películas de antaño, todo parecía un accidente, pero estudiado de cerca todo estaba planeado, todo por una sonrisa. Eduardo pensó que su torpe tropiezo la haría alegrarse un poco, pero no fue así, ella se quedó parada en medio de la cafetería, confundida, pensando que debió de haber permanecido en su sitio...

 

   Eduardo agarró entre sus manos un par de sobres de azúcar y le tendió la mano, ella dudó por un segundo, pero las tomó y después de hacerlo, notó que sus manos estaban aún sobre las de él y que, a decir verdad, no quería que fuera de otra manera, entonces las necesitaba. Eduardo se acercó y con una leve caricia apartó el alborotado cabello negro de su rostro, esperando guardarlo detrás de su oreja. Victoria se quedó en silencio y separó su mano, él sonrió, al menos obtuvo una respuesta. Victoria viró a todas las direcciones posibles y volvió a su asiento, endulzó el café con las manos temblorosas y cerró los ojos.

 

   Eduardo cansado de la actitud de Victoria se sentó frente a ella ¿Qué importaban las políticas de la compañía a las diez de la noche? -¿Qué pasa?- le preguntó a su mejor amiga... A partir de entonces, y,  mientras el café se enfriaba; la escuchó atento y tomó su mano, haciéndole saber que siempre estaría allí para ella, y que a su pesar... aunque tal vez nunca habría un felices para siempre para ellos, él la estaría esperando. 

Ahora, mi sueño se cumple, pensó... al menos, mientras el café se enfría...

 

Belatish.

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